Mirada.


Extiendo mi mirada,
y lo primero que emerge
entre las casas
con balcones y ventanas
y su fachadas
pintadas de blanco o rosa,
de ocre o incluso azul,
es la torre de santa Ana.

Y en la calle junto al río,
que desde hace siglos pasa,
jugando a desvanecer su agua
camino de la mar verde
aquella Mar Océana
que en Doñana se vislumbra...
y partiendo la quietud
del tiempo y del silencio largo,
se oye tañer una campana.

Y en el calor del verano,
impregnada la mañana
de olores tan conocidos
como de azahares blancos,
o pan de una tahona cercana,
vuelves a ver los balcones
con macetas en sus hierros
o en los de alguna ventana.

Y la mirada, presa de azoteas,
entrecerrando los ojos
por la claridad diáfana,
enfoca la calle Betis
y en silencio recogido,
para que nadie te oiga,
piensas
lo bonita que es Triana...

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