Ante la puerta doble, cerrada
y pintada en verde,
veo lo primero su no alineación.
Después,los elementos en mezcla
impuesta,
que tienen que hacerse sitio unos a otros
a pesar de su divergencia.
El hueco de una cerradura antigua
del que desapareció el adorno,
está próximo a un llamador sencillo
que habrá golpeado innumerables veces
a uno de los clavos de la puerta
que sin estar para ello predestinado,
le cayó esa suerte...
Más abajo, un tirador sin gracia
le pareció útil a quien allí lo colocara
junto a un hueco protegido por un metal
para en él, introducir las cartas...
Y presumiendo en su alojamiento,
la moderna cerradura que cierra la puerta,
sin preocuparse lo más mínimo
de otra cosa que no sea que esté asegurada
cuando no está abierta...
Y los clavos, alineados originariamente
en las dos puertas,
han roto la formación y ahora,
sólo guardan la recta
en una sola de aquellas...
Más el verde brillante, el porte digno,
su grosor y a pesar de todo
una cierta belleza, me hicieron
reparar en esta puerta...
______________