Belleza de un anuncio.


A veces, paseando sin prisas, con los ojos abiertos para captar cualquier manifestación artística, puedes tropezarte con un azulejo publicitario, que además de cumplir la función para la que fue realizado, presenta unas facetas que lo hacen grato de contemplar. Éste que se muestra más arriba, reune una serie de características muy concretas: Azulejo trianero en color azul, de mediados del siglo XX posiblemente, perfectamente conservado, que une a su sencillo dibujo, detalles que hacen que se quede grabado en la retina. La imagen del cafetal y los trabajadores en el campo, con la silueta al fondo de palmas y una casa típicamente colonial, así como la persona de color con los rasgos acentuados, que porta la bandeja con la cafetera, es de una ingenuidad tan lejos de las agresivas campañas publicitarias de hoy, que a mi juicio, cumple perfectamente la idea de difundir el producto, al tiempo que habla de la calidad del mismo así como de su procedencia sin nombrarla siquiera. Reune a mi juicio, la calidad de la imagen, con la calidad de los materiales empleados y del mensaje que envía. Todo ello, unido a la belleza del conjunto.


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