Oquedad.


En la ocasional oquedad
de la madera consumida,
al pasar oí ruidos, anunciando
que dentro del parco cobijo
se había refugiado la vida.

Prestando atención en la quietud,
al poco,
confiado, salió de él un mirlo
con su pico amarillo
y su plumaje negro,
encaramándose a lo alto de una rama
desde la que obsequiaba a todo el que pasaba,
con su potente y armónico canto.

Posiblemente estaría comunicando
en el idioma universal,
-olvidado por los humanos-
que ya tenia vivienda,
esperando,
que alguna mirla estuviera interesada...

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2 comentarios:

Princesa.triste.115 dijo...

El idioma universal...ojala todos pudiésemos hablar un mismo idioma.
Bonito..me da al leerlo paz porque el canto de los pájaros son sones en nuestras vidas.
Un saludo

Jaclo dijo...

Gracias por tu nueva visita, Princesa.
Otro saludo para tí.