Minutos en la tarde.

Baja el agua con impulsiva
corriente.
Desplazándose rauda,
encajonada
entre las orillas resecas.
A intervalos
de imposible cálculo,
aparecen matas y juncos
que a su amparo medran.
El sol tibio de invierno,
se refleja en las ondas pequeñas,
que al impulso favorecido
por la pendiente del regato,
la corriente aumenta.
El tiempo parece no seguir
el mismo ritmo,
al ver simplemente pasar,
embobado por el monótono
y a la vez distinto movimiento,
del suave pero duro
amolador de piedras,
que en su lecho se pulen
lentamente
con el roce del agua...
Unos patos se mueven con la elegancia
que aquella les presta
y que al abandonarla,
también les abandona a ellos.
La contemplación
de la sencilla estampa,
nos servirá un tiempo
mientras volvemos a la agitada
autopista,
distante tan sólo;
unos decenas de metros.
La vida habitual, vuelve
y con ella,
el Sol que busca el Poniente,
tratará de entrar en nosotros
a través del parabrisas
obligándonos a proteger los ojos,
al carecer ahora
del atenuado filtro de unas ramas,
que el otoño dejó sin hojas,
pero que a pesar de ello,
nos cobijan y nos arropan...
Y el sonido,
ese son acompasado y relajante
del agua sobre las piedras,
en el recuerdo reciente,
tratará de imponerse
al rítmico también del motor
y el del aire al rozar
en los cristales del coche...

____________________

2 comentarios:

Lia dijo...

Fotos bonitas de lugares bonitos!
Um sorriso e um raio de Sol

Jaclo dijo...

Muchas gracias por tu comentario, por la sonrisa y por el rayo de sol.
Saludos