He leído...


He leído en tu tronco cercenado,
la vigorosa resistencia que opusiste.

Se me representó al ver tu muñón
con marcas múltiples,
la dificultad que ante tu altivez
encontró el instrumento que te atacaba,
que aunque pequeño de forma,
mordía con sus dientes de acero,
haciendo cada vez más profunda la herida
en tu corteza, inútil ante él, para protegerte...

Pienso, que si era inevitable morir,
te hubiera causado menos dolor
ser abatido como los árboles antiguos,
bajo unos simples hachazos
que te hubieran hecho caer
a todo lo largo de tu altura,
con el ruido ancestral
al reposar sobre la tierra, pero...

Quizá un día no lejano, seas parte
de algo que ennoblece tu madera,
dándole un sentido elevado a la existencia que tuviste...

¿Te imaginas, siendo parte de una librería
que sostiene tomos en los que se guarda
parte del saber, primorosamente encuadernados?

¿Quizá tu sacrificio fué recompensado
al haber sido la materia en la que un imaginero
talló una escultura que se admira?

¿Y si tu madera formara parte de un laúd
o una guitarra, dando resonancia
a unas cuerdas que armónicamente vibran?

Quizá sigues siendo generoso
y en un sacrificio más, tus trozos calentarán
los pies ateridos de un niño
o de un anciano en el cercano invierno...

Al verte: sacrificado árbol de un paseo,
quiero pensar que tu sacrificio
al menos fue útil
y no que fue por la causa
de que tus enormes raíces
ocasionaran gastos
al romper el acerado...

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Arte mínimo.


De entrada, creo que no existe arte mínimo. Cualquier manifestación artística, es máxima porque expresa de una manera u otra, una forma de representar una idea, un sentimiento, una impresión o cualquier otra abstración que se plasma de la manera que la persona que desea hacerlo, considera más idónea. Sin embargo hay concisas formas de manifestarse y en este caso es cuando podríamos denominar el resultado, como mínimo o pequeño.

Este candado, que es uno de los numerosos que se encuentran cerrados en las barandillas del Puente de Triana en Sevilla, podría corresponder al llamado arte conciso o mínimo. En él, podemos observar unos trazos rápidos, que nos sugieren los arcos califales bicolores, inconfundibles de la Mezquita de Córdoba. El autor, ha sabido transmitir con unas sencillas lineas a rotulador, un ambiente ya sea para él, familiar, afectivo o simplemente nostálgico. Por si fuera poco, está colocado en la barandilla que mira hacia el nordeste, por lo que además parece que desea indicar que sus pensamientos en ese momento, se encaminaban hacia aquella ciudad. Sea quien fuere el desconocido autor, no puede haber expresado con menos trazos una idea más clara.

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Contraste.

Unas lineas solamente, que quieren expresar mi pesar, por el trágico suceso de ayer en Castelldefells.
La noche de san Juan, que se relaciona con alegría ancestral de tantas cosas y entre ellas las ligadas al advenimiento de las cosechas y la llegada del verano; celebrada con el desenfado característico de la juventud, ha traído este año el contraste de la tragedia para unas familias que nunca podían suponer unos minutos antes lo que les esperaba.
Sin entrar en los detalles o causas desencadenantes, vaya desde aquí, mi pesar.
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La mirada.


La mirada, -mi mirada-
se proyecta entre los falsos barrotes
de tubo de la cancela moderna;
ignorando sin despreciar la pared nueva
y fijándome al paso,
en la vieja muralla descarnada,
situada a mi izquierda...

Pero dura poco la detención
para observarla.
Sigue para pasar bajo el arco morisco
y aún admirándolo,
lo traspasa para llegar al ajimez
que al fondo, vela con vidrios
de colores, la visión de un jardín
del que el dueño del lugar,
se reserva la contemplación
de su belleza...

Y supongo que habrá quien al pasar
por la funcional cancela,
no piensa que al fondo,
casi invisible si no se busca,
hay una armónica paz
de silencio y arbustos cuidados
con flores que embriagan
y el ambiente impregnan con su aroma
adivinándolas más por el olor
que por realmente verlas...

Y una vez más,
la ilusión se sobrepone
a la realidad de la materia...

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Y aquella esquina...


Y aquella esquina
diferente,
en la hermosa plaza
inundada por el sol,
reflejando la luz que choca
con fiereza en la cal blanca,
hiriéndola con su enorme fuerza
apenas amortiguada
por la nota de color de unas tímidas flores
y el verde desvaído de unos árboles
que bajo el calor del verano,
casi te abrasa...

Y allí, en aquél amplio espacio
inundado y cegador,
se abre la tupida celosía,
de un pequeño torreón,
que nos hace imaginar,
tras los diminutos cuadritos
como losanges en que se refugiaran
miradas intensas desde ojos oscuros,
en caras espectantes,
que apoyadas en las maderas cruzadas,
desean mirar sin ser vistos...

Pero aunque sean sólo intuidos,
piensas que siguen tus pasos
en tu errante caminar...
Y cuando te paras
y hacia la celosía levantas la mirada,
imaginas que desde allí,
en una penumbra de luz amortiguada
se preguntan si ves algo,
ignorando,
que sólo con imaginar lo que no captas,
sientes tu curiosidad pagada...

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Siluetas.



Recortando su figura esbelta
sobre el azul del cielo,
he visto esta mañana
la silueta de un gato negro,
que al pronto
-y a pesar de su tamaño-
creí de carne y hueso.

Cerca de allí, en el mismo solar
y esta vez sobre la pared blanca,
el perfil de una niña
de larga melena se recortaba.
Y rodeándola,
unas airosas golondrinas
simulaban su vuelo en recortes
acompañándola.

Me quedé un rato mirando
y pensé en lo que el artista
con su imaginación,
sin pretensión alguna,
humildemente,
pero lleno de belleza
me regalaba...
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Acerca del 6.


La Geometría se puede ver. Utiliza formas representables. No necesita en principio abstraciones. En el caso concreto de la figura del exágono regular, están a la vista y se pueden comprobar unas particulares relaciones entre sus elementos -ángulos y lados, así como radio de la figura- en las que existen unas medidas relacionadas que son facilmente convertidas en números.
El exágono regular, está presente en la Naturaleza en numerosas ocasiones. El panal de las abejas lo utiliza como base de sus construcciones. Presenta el ángulo interno de 120º, que permite adosar elementos iguales, para construir una figura compuesta de la forma que se desee; o sea más apropiada. Es curioso, observar que permite al tiempo, volver a la forma piramidal o triangular, si a cada fila horizontal, se le va sumando un elemento, consiguiendo una serie de abstraciones -números- de las que se pueden obtener series muy determinadas. Así, la 1, 2, 3, etc. y si se suman la primera con la segunda y ésta con la siguiente, etc; se obtendría la nueva serie de los llamados impares: 1, 3, 5, etc.
Por si no existieran bastantes coincidencias entre el exágono regular y el triángulo equilátero obtenido de aquél, que se forma uniendo un vértice sí y uno nó del exágono, se observa que la superficie del triángulo, es exactamente la mitad de la del exágono. No es necesario medir ni contar. Bastará doblar hacia adentro por las lineas del triángulo los trozos que quedan desde ésta a los vértices del exágono y podremos comprobar que coincidirían los tres en el centro del triángulo.
Bien sabido es, que el radio de la circunferencia en que siempre se puede suponer inscrito un exágono regular, es igual en medida a su lado y que trazando los tres diámetros que unirían vértices contiguos del exágono, obtendríamos seis, (otra vez seis) triángulos equiláteros, que precisamente por serlo, serían también equiángulos, siendo de 60º cada uno de ellos.
Si queremos seguir obteniendo correspondencias gráficas, podemos trazar a cada uno de estos seis triángulos, su linea de altura, que también sería, la llamada apotema del exágono, que se convierte en bisectriz del ángulo que divide en dos partes iguales, observando entonces, que en cada triángulo se habrían formado otros dos, iguales entre sí y en este caso rectángulos, que tendrían por lados; el radio de la circunferencia, la llamada apotema y la mitad del lado del exágono, o lo que es lo mismo del radio, por lo que podríamos demostrar que en el triángulo rectángulo, que por supuesto tiene un ángulo de 90º, otro de 30º y el tercero de 60º, en cuyo caso, la hipotenusa (radio de la circunferencia), siempre sería el doble en medida del cateto menor (mitad del radio o lado del exágono).
También, el 6, desde el punto de vista numerológico, representa los dos ternarios. (3 x 2), representado por dos triángulos equiláteros del mismo tamaño, uno de ellos en posición normal y el otro invertido que se entrecruzan, formando la estrella de seis puntas o Hexagrama.
En el Tarot el 6, es la sexta lámina - la de los Enamorados-.
Si se eleva el seis al cuadrado, se obtiene el número 36, que es el atribuido a la palabra separación que indica la que existe entre la luz y las tinieblas y es raiz de la piedra preciosa o árbol denominado Bedellium. Este árbol, situado en el este del Edén, se consideraba regado por los iniciales cuatro ríos. Su número sería el 4 x 36 = 144, o número de la proposición primitiva, opuesto al que se obtiene multiplicando el citado 36 x 6, que nos daría el 216, (cubo del seis), que es el de la posesión personal. "Casualmente" el 144 es el cuadrado del número 12, "casualmente también", formado por el número 6 multiplicado por 2.
Las analogías del número 6, podrían continuar, pero la brevedad del espacio, no hace posible ir mucho más allá.
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